Pensamiento en otro Día del Libro

Otro Día del Libro, otro día para exaltar uno de los grandes placeres de que disponemos para hacernos la vida más amena, más apasionante, más digna, más vívida, más aventurera, más culta. En resumen, más vida.
En mi caso, la relación con la lectura es un poco peculiar. Los libros me han gustado siempre. Siempre he sabido que, como diría un bolero, no iba a morirme sin tener… algo con ellos.
Descubrí la lectura, los libros y su poder, con unos 15 años. Aquellos libros iniciáticos «Edad prohibida», «El perro de los Baskerville, «La isla del tesoro» y tantos otros, me mostraban que había un universo esperándome en la leja de la habitación.
Recuerdo ahora cuando mi tía Encarna, que apenas sabe leer, pero como diría Sancho, sabe lo que sabe, y sabe mucho de la vida, me regaló la historia de la literatura universal. Aquellas obras clásicas de «La Iliada», «La Odisea», «El Quijote» u otras más modernas como «Cien años de soledad», «El camino», «El túnel», «Rayuela» estaban en una mesa de dos pisos al fondo del pasillo del piso en el que crecí hasta los 16 años.
Y ocurrió entonces algo que, parafraseando al maestro Borges, se podría definir como que «Dios, en su infinita maestría, me dio a la vez, los libros y la noche». Y es que sobrevino esta patología visual con la que vivo desde pequeño.
En aquel entonces, cogía los libros, los olía, tocaba sus tapas, sus páginas y comenzaba a leer. Entonces, a las pocas páginas, las líneas se emborronaban, las palabras se desfiguraban y el cansancio aparecía, y con él, no poca desesperación.
Terminé la opción de letras puras, con su latín y su griego en bachillerato y comencé a estudiar derecho. Era la crónica de un error anunciado, y a las pocas semanas, me pasé a mi querida Facultad de Letras de Murcia. En ella comencé clásicas, por mi devoción por la cultura de Grecia y Roma, y pronto pasé a hispánicas, por mi absoluta entrega a la lengua española. La literatura estaba, pero me costaba cada vez más por mi circunstancia visual. No obstante estudié la literatura del Siglo de Oro, la hispanoamericana con el mismísimo Polo, y hasta la gallega, si bien siempre me interesaba más la rama de la lingüística, hasta el punto de hacer el doctorado en el área de sociolingüística y trabajar la tesis en torno al tabú, la eufemia y la disfemia.
Fue entonces cuando entré en la ONCE, la pérdida de visión era cada día más patente y necesitaba ayuda con eso. Descubrí entonces una serie de herramientas, de software de ampliación, contrastes de color, síntesis de voz, las telelupas, etc. y fue toda una revelación. Y lo fue hasta el punto de desear verme haciendo que nadie que estuviera en la situación que yo había estado, dejara de conocer lo que yo ahora sabía que teníamos en España gracias a la ONCE. Y, sobre todo, dejara de acercarse a los libros. Y como a veces ocurre, las metas se convierten en realidades cuando se persiguen y se tienen presentes y aquí estamos, haciendo precisamente eso, tratando de facilitar a los alumnos, todos los medios para que el déficit de visión no sea obstáculo ni excusa para poder disfrutar de ese universo literario y poder alcanzar otras tantas metas.
La telelupa y el cambio de contraste fue el comienzo y después llegó el tema del audiolibro. Aquí reconozco ser una «rara avis». Quisiera tratar de explicarme.
Descubrí que se puede leer escuchando algo leído por una tercera persona, pero me faltaba algo. Que me leyeran un libro era algo demasiado parecido a que me contaran un cuento y, ni valoraba lo suficiente el arte en el texto escrito, ni lo disfrutaba igual, ni me llegaba como debía llegar, pues estaba supeditado a detalles como los matices que el lector de turno quisiera darle a la lectura en perjuicio de mi propia imaginación. En palabras tecnológicas y abusando de préstamos de los bárbaros del norte, el imput no era igual.
Fue entonces cuando descubrí el ebook y su lectura gracias a los medios tecnológicos, concretamente gracias a la aportación, primero, como siempre, de Apple, con su Voice Over y su afán porque todos tuviésemos acceso a sus dispositivos y software. Después, recientemente, la propia Amazon con la accesibilidad de la aplicación Kindle.
De esta forma conseguía varias cosas importantes para mí, a saber:
Adquirir los libros, comprándolos y contribuyendo también con la aportación y el talento del escritor, el traductor, la edición, etc.
Que estos libros, al ser míos, pudieran ser también, como ocurre con quienes lo compran en papel, para mi familia.
Que el proceso de lectura dependiera de mí y no de un narrador, por bueno que estos sean. Es difícil de explicar pero, el hecho de que la lectura del texto sea plana, la enlatada, y, de que, con mi poco resto visual, lo pueda hacer paralelamente a la lectura visual con los tamaños y contrastes adecuados, sí que propician una sensación de lectura, muy distinta a la condicionada por la voz de un narrador humano. El lector que lo hacen en braille también suele coincidir con esto. No es lo mismo dominar uno el texto a ser arrastrado por el lector del audiolibro. En este sentido, la tinta y el braille se asemejan y, por eso, el sonido nunca puede sustituir a un código como el braille.
Sea como fuere, la tecnología me ha hecho poder dedicar buena parte de mi tiempo a la lectura, a la que me faltó en su momento, a toda la que sale y puedo comprar en el mismo momento en que se publica, y a la que está por venir.
Conseguir leer 75 libros al cabo del año, como tuve el placer el año pasado, es una alegría inmensa, y una sensación de igualdad real y tangible.
En resumen, gracias a la tecnología, y gracias a la ONCE, aquello que parecía un sueño inalcanzable, y que se quedaba poco más que en lo olfativo y lo kinésico, se ha convertido en el verdadero placer de acceder a ellos para enriquecerme y para hacerne mejor persona. Algunos amigos me han preguntado que por qué no escribo algo, pero es que hay tanta cosa buena por leer, que lo considero una pérdida de tiempo para mí como escritor y para el lector, pues ese tiempo lo dejaría de invertir en verdaderas genialidades ya escritas y otras que van apareciendo en el mercado.

Si estáis interesados en conocer las reseñas y críticas que hago de los libros que voy leyendo, podéis encontrarlas en mi web «https://germanadas.com» y en mi espacio en la plataforma de lectores Goodreads.com

Allí os espero para cambiar impresiones.

Feliz Día del Libro.

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