Mi reseña a “La biblioteca de fuego”, de María Zaragoza

Valoración: 🍺🍺🍺

Una sinopsis, un planteamiento y un desenlace centrados en los libros, y concretamente en los libros que sobrevivieron pese al tabú y a la interdicción en tiempos difíciles, no ocultan, siempre bajo mi punto de vista, una novela más sobre la guerra civil española, bajo la perspectiva victimista y partidista.
La novela no está mal, a veces se hace un poco larga, y a menudo peca de poner como monstruos a los unos y sufridos defensores de la cultura a los otros. Asesinos y criminales a unos y oprimidos a otros. Creo que, con independencia de ideologías, es partidista e imparcial. No pasa nada, pero no es el contexto de la biblioteca invisible, antes bien, ésta es la excusa para verter toda suerte de rabias.
Algunas afirmaciones son tan simples como asumir que los rusos celebren el día de la victoria contra los nazis sin contar lo que hicieron ellos después, con las mujeres cuando llegaron a Berlín o cómo dejaron esa parte del muro con sus ideas económicas. Pongo este ejemplo porque siempre he evitado abordar una etapa de nuestro país que, aún hoy, sigue siendo utilizada para fomentar el odio y el rencor por un lado y otro. Las cosas no son tan blancas ni tan negras. Ambos frentes fusilaron, profanaron y violaron. Ninguno fue digno de ser hoy, casi cien años después, homenajeado por su ética y valores.
En cuanto a la forma, bien escrita, bien narrada y con unos diálogos potentes y momentos emocionantes. Pero lo de soldados de los libros no deja de ser una excusa para toda una soflama política que le resta elegancia a lo que verdaderamente hubo y también narra la novela a ratos, el amor por los libros y por salvar la cultura de la barbarie de la que somos capaces todos, hermanos contra hermanos. Para mí, los extremos se tocan y hemos estado jugando con fuego, aprovechando el título de la novela. Afortunadamente creo que en este país hemos aprendido en estos últimos tres años de lo absurdo de esos extremos. Vivan siempre los libros, y quienes los salven. Pero también, viva la historia, la objetiva, la que no es partidista, la que simplemente, es. Vivan los socialdemócratas, vivan los liberales, y los conservadores moderados. Ojalá ninguno de ellos deje entrar a los extremos, de un lado y otro, que gustan de prohibir y proscribir, en nombre de uno o, lo que aún es mas falsario, en nombre de un pueblo aborregado, al que se imponga la historia que debe estudiar o cómo debe hablar de mal para ser politizadamente correcto. Y sobre todo, abominen de los vengativos y acomplejados. Que para estos menesteres no se utilice algo tan alto como la literatura. Pues la literatura es un bien superior a cualquier ideología. Si la novela sólo pretendía exaltar y rendir homenaje a los guardianes de los libros, entonces, estoy equivocado y me merece el mayor elogio.

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