Mi reseña de “El imperio de lo políticamente correcto”, de Mathieu Bock-Cóté

Valoración: 🍺🍺🍺🍺

Tocaba ensayo y, ¡qué buena elección!
Un ensayo en el que el autor explica de forma clara y bien documentada todo ese universo que, personalmente, me llena de asco, me resulta nauseabundo y me revela. Todo ese universo que, siendo benévolo, lo trato de postureo, pero que va mucho más allá. Es una hoja de ruta que subyuga y doblega a la gente normal, para imponer el régimen de los ofendidos, los de los nuevos derechos inventados. 1984, la novela de Orwell me marcó hasta el punto de citarla en mi tesis sobre el tabú y la interdicción. Creo que la cita era «Quien tiene el lenguaje tiene el poder».
Esta obra define de forma clara todo el mecanismo que opera en lo que el autor llama muy acertadamente la dictadura diversitaria. Toda esa suerte de deconstructivismo importada con ansia y aplauso de las facultades norteamericanas y que llegan a sus mayores esperpentos entre toda esa canalla de políticos ignorantes de la izquierda absurda, vociferante y excéntrica, que terminan creando una neolengua, preñada de esperpentos, que inventa pronombres para realidades que se inventan, y que se reduce en borrar la realidad, deconstruirla, para construirla a su antojo, como pretendía el Gran Hermano en la novela de Orwell. Ese lenguaje y posturas, a priori sofisticadas y progresistas, que son una mera ilusión y una trampa en la que caen muchas buenas gentes, bajo la premisa de querer mostrar su talante igualitario.
La obra desenmascara con argumentos sólidos todo ese excrementicio transpantojo, que tacha de facha, reaccionario, o conservador, como si esto último fuera un insulto, tratando de cancelar bajo etiquetas demoledoras, a los que no nos sometemos con argumentos ridículos disfrazados. A los que creemos en la igualdad real, como premisa, sin tener que borrar a nada ni a nadie, sin abominar de la historia, de la identidad nacional, de la mujer o del hombre, de la discapacidad, argumentos sólidos como los de este ensayo suponen un aliento para seguir luchando contra estas estupideces que ganan adeptos a su causa bajo el principio de nombrarlo todo de forma difusa, de buscar esos «espacios seguros bajo el principio de que nadie «se sienta así o asao» para conseguir el final de que se sientan y actúen como ellos quieren que actúen.
Es una farsa a la que no me plegaré nunca. Larga vida a los que somos políticamente abyectos.

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